¿Cómo dialogar con los hermanos separados?: 2) Diez pasos del diálogo

1. Estudia.
Para dar razón de tu fe es necesario conocer y haber entendido. Júntate con tus amigos, en tu casa o en tu parroquia a reflexionar sobre la fe con una Biblia con comentarios, el Catecismo de la Iglesia Católica y los audiocassettes de Hombre Nuevo.

2. Prepárate.
Para la batalla de la fe es necesario estar armados, Gedeón venció a los enemigos con cuernos, cántaros y antorchas. (Lee Jueces 7,16). El cuerno es el Catecismo, el cántaro de agua viva es la Biblia y la antorcha es la fe Católica
3. Aprende lo básico.
La respuesta a sus diez más frecuentes preguntas: ¿María tuvo más hijos?, ¿Es idolatría venerar las imágenes?, ¿Debemos bautizar a los niños?, ¿Tienen poder los hombre para perdonar los pecados?, ¿La Eucaristía es un símbolo o una realidad?, ¿Fundó Cristo muchas Iglesia o una sola?, ¿Es el Papa el Anticristo?, etc. (Solicita la serie completa de folletos FE Y EVANGELIO).
4. Conoce su doctrina.
La doctrina de los evangélicos y otros grupos protestantes es como el queso gruyere sabe bien, pero está llena de agujeros.
Afirmar que basta la sola Biblia para conocer la verdad, pero la Biblia dice que debemos creer no sólo en lo escrito sino también lo enseñado de viva voz. (Lee 2 Tesalonicenses 2,15)
Dicen que no debemos obedecer a los sacerdotes, ni a los obispos, ni al Papa. ¿Por qué entonces ellos le hacen caso a su pastor? Ellos exigen que tú les pruebes todo con la Biblia, pero si tú les pides que te prueben que su interpretación es la única verdadera, no lo pueden hacer.
Y cuando le pruebas, con la Biblia en la mano, lo que la Iglesia enseña: que debemos alabar a María (Lucas 1,48); que los hombre reciben el poder de perdonar los pecados (Juan 20,23); que debemos comer la carne y la sangre de Cristo para tener vida eterna (Juan 6,54); que Cristo fundó una sola Iglesia (Mateo 16,18); que sí podemos llamar «padre» a los hombres (1 Corintios 4,15), etc. ellos no lo aceptan. ¿Por qué? Porque ellos no creen en la Biblia, sino stienda. Es decir, creen sólo en sí mismos.
5. Comienza siempre orando.
Reza cualquier oración o petición que te inspira el Espíritu Santo pero termina siempre con el Padre Nuestro, el Ave María usando la Biblia (Lucas 1,28 y 1,42). Si el objeta contra cualquiera de estas oraciones hazle ver como estas oraciones son bíblicas e inspiradas por el Espíritu Santo.
6. Toma la iniciativa.
Primero. Exige que no hable mal de tu Iglesia ni de los sacerdotes. El hablar mal y el criticar no es cristiano. La primera enseñanza de la Biblia es el amor y el respeto a los demás.
Segundo. Pídele que te platique un poco de su Iglesia, de su fundador, de cuales son su creencias y que fue lo que le motivo a entrar a dicha iglesia.
Tercero. Habla tú de lo que a ti te convence y atrae de la Iglesia Católica.
7. Bájalo del Ring.
Los Evangélicos son leones para debatir sobre le tema que ya se saben de memoria, pero si lo sacas de ahí, se vuelven corderitos. Ponlo en el campo que a ti te interesa y conoces: «A mí me gustaría hablar de la Iglesia».
Ten preparadas tus preguntas: ¿Quién es tu fundador?, ¿La Iglesia que Cristo fundó no funciona y la de tu fundador sí?, ¿Acaso el hombre puede ser más sabio que el mismo Cristo?, ¿Cuándo se fundo tu iglesia?, ¿Cómo puede ser la Iglesia de Cristo una Iglesia fundada 1500 años después de Cristo?
8. Deja Actuar a Dios.
Tu trabajo es aclarar dudas, quitar prejuicios y establecer el puente de confianza. Dios es el único que puede tocar su corazón. Ponte en manos de Dios y recuerda también que si tú no eres un convencido y no practicas tu fe nunca podrás convencer a nadie.
9. Ama la Verdad.
Si no sabes, di «No sé,» y añade, «La próxima ocasión que nos veamos te tendré la respuesta».
Si señala errores de la Iglesia, reconócelos, pero aclara que no por eso deja de ser la Iglesia de Cristo. Cristo no prometió que no habría mal, sino que este no prevalecería contra ella. (Lee Matthew 16:1) Preséntale la otra cara de la verdad: el heroísmo de sus mártires, el celo de sus misioneros, la caridad de tantas mujeres consagradas al servicio de los pobres, la grandeza de sus santos, etc.
10. Invítalo a tu parroquia.
Recuerda que el Buen Samaritano llevó al herido a la posada. Llévalo a tu parroquia, invítalo a tu grupo, o simplemente preséntaselo a Jesús en la Eucaristía y háblale de Él.

SIGUIENTE. ¿Cómo dialogar con los hermanos separados?: 3) ¡NO TENGAS MIEDO!

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