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El zapatero y su Biblia

La Biblia, porque nos hace ver las cosas como las ve Dios, nos dará una sensatez que nos envidiará el hombre más listo.

¿Sirve para algo la lectura asidua de la Biblia?… Es una pregunta que está de más. Y la respuestahttp://es.catholic.net/catholic_db/imagenes_db/catequistas_y_evangelizadores/62685.jpg adecuada está en labios de todos. Pero la he formulado antes de narrar lo que le pasó a un sacerdote, y que lo cuenta él mismo. Tomo sus palabras.

Era el buen hombre un simple zapatero remendón. Yo casi gozaba cuando se me estropeaba el calzado, porque eso me daba libertad para ir a su diminuto taller, y pasarme un buen rato con aquel sabio… que nunca había estudiado. Hasta que le pregunté:

  • Pero, oiga, ¿qué libros lee usted? Y con voz reposada, grave y dulce, como él hablaba siempre, responde con sencillez cautivadora:
  • Me gustaría comprar libros, pero no tengo dinero. Mi único libro es la Biblia, que leo diariamente todos los ratos que puedo.

Debo asegurar que no me llamaba la atención el buen amigo zapatero por su erudición, que era muy poca, sino por sus juicios acertadísimos en todas las cuestiones que trataba. De él aprendí —si es que aún no lo sabía— que la Palabra de Dios corrige sin compasión nuestros equivocados criterios. A su vez, nos transmite la verdad en su máxima pureza, como agua recién salida de la fuente.
Dejando al buen zapatero en su taller, escuchamos ahora a un viejo rabino judío, que se sabía la Biblia de memoria, y la meditaba y la explicaba con competencia sin igual. Gozaba en hacernos ver las contradicciones entre nuestras opiniones y las de Dios.
Para nosotros, es un sabio el brillante profesor de la universidad. Es un héroe quien ganó la guerra. Es rico el que tiene millones. Es célebre aquel cuyo nombre está en boca de todos. Pero el sensato rabino, con la Biblia en mano, nos hace caer en la cuenta de lo fuera de camino que andamos. Tomo ahora las palabras del experimentado judío (Ben Zoma, de los Hassidim).

  • No es sabio el que enseña, sino el que aprende de todo el mundo, pues dice la Palabra de Dios: Me hice sabio aprendiendo de todos los que me enseñaron, y llegué a tener más prudencia que todos mis maestros (Salmo 118,99)
  • No es un héroe el gran general, sino el que vence sus pasiones, pues dice Dios: Mejor es un hombre magnánimo que un héroe, y es más grande el que domina sus instintos que el que gobierna una ciudad (Proverbios 16,32)

  • No es rico el que tiene una cuenta abultada en el banco, sino el que se contenta con lo que tiene, porque la Biblia nos asegura:

  • Si gozas con el trabajo de tus manos, ¡la enhorabuena, por lo bien que lo haces! La enhorabuena para este mundo y para el futuro (Salmo 127,2)

    • No es célebre el hombre afamado, sino el que ensalza a los demás y honra a Dios. Así lo asegura el Señor: Yo honro al que me honra, y será avergonzado el que me desprecia (1Samuel 2,30)

    Podría haber seguido el rabino haciéndonos ver muchas más contradicciones entre nuestro pensar y el de Dios. Pero, ya nos ha dicho bastante con esas cuatro citas. Y nos ha señalado el camino para examinar nuestros criterios, confrontándolos con los de Dios.
    Con estos dos ejemplos del zapatero y del rabino judío nos damos cuenta de lo que es la Biblia: el libro que Dios nos ha regalado para aprender a pensar como piensa Dios; para juzgar de las cosas como juzga Dios; para amar las cosas que ama Dios; para dejar las cosas que no están conformes con el querer de Dios; para saber esas cosas escondidas que nadie conoce sino Dios y que Dios revela por su Palabra a los humildes y puros de corazón…
    En la coronación de los reyes de Inglaterra hay una tradición antigua y hermosa. Al rey o la reina se le hace entrega de la Biblia con estas palabras: Te obsequiamos con este libro la cosa más valiosa de este mundo. Aquí hay sabiduría, ésta es la ley real y los oráculos vivientes de Dios.
    Nosotros pensamos, una vez más, en el regalo que Dios nos ha hecho al dejarnos escrita su Palabra. El que la Biblia sea el primer best seller de los libros en el mercado, ya es una gloria grande de verdad, y un homenaje que con ello se le rinde a Dios.
    Pero, ¿de qué serviría a la Biblia ser el libro más afamado, si está solamente para ocupar un puesto de honor en la biblioteca familiar…, si sólo es un adorno…, si se la hace servir nada más que para lucirla en la mano, igual que se luce un dije en el pecho?… La Biblia es una compañera inseparable, que agrada, que aconseja, que consuela, que anima, que empuja al bien, que previene ante el mal, que nos lleva de la mano hacia el Dios que la inspiró…
    La Biblia es para ser leída. Para ser meditada. Para ser asimilada. Para ser vivida… Porque la Biblia nos enseña a discurrir. La Biblia nos enseña a discernir. La Biblia nos enseña a escoger. La Biblia nos enseña a orar. La Biblia nos enseña a decidirnos, aunque sea yendo a contracorriente…
    La Biblia, porque nos hace ver las cosas como las ve Dios —igual que las veía el amigo zapatero—, nos dará una sensatez que nos envidiará el hombre más listo…

    Fuente.

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