Los beneficios de ser prudente

Todos en algún momento hemos estado expuestos a las críticas de los demás, la diferencia entre dejarse afectar o no, está en el manejo que cada quien le de a este tipo de situaciones. Las siguientes son recomendaciones para aprender a que las críticas no hagan estragos en nuestra autoestima, y al contrario, convertirlas en fuentes de aprendizaje y fortalecimiento interior.

Es importante entonces, no sólo aprender a recibir las críticas, sino a sacar partido de ellas. Las siguientes son cinco pasos que ayudarán a lograrlo:

  1. Identificar qué hay detrás de la crítica.
  2. No reaccionar inmediatamente.
  3. Rescatar lo bueno de la crítica.
  4. Enterrar la crítica.
  5. No personalizar cada desacuerdo o conflicto.

 

Los beneficios de ser prudente

Posiblemente muchos conflictos y decisiones erradas, podrían haberse evitado si en ese momento se hubiera actuado con prudencia. El ejercicio de la prudencia permite alcanzar los objetivos que nos proponemos. La prudencia es el arte de decidir bien, e implica el dominio de las reacciones y emociones.

La prudencia, que enseña a tomar decisiones, le proporciona al ser humano el dominio de sí mismo. Ayuda también a identificar las situaciones que son convenientes y las que no lo son. Ayuda a pensar antes de actuar -autocontrol-, lo que impulsa a la persona a medir las consecuencias de las acciones. “La virtud de la prudencia es la que nos educa para reflexionar bien y así, decidir bien.” dice Francisco Cardona en uno de sus escritos.

Otra consecuencia de ser prudentes es que facilita la convivencia. Si bien todas las virtudes favorecen el trato con los demás, la prudencia es una de las protagonistas. Ser prudente es expresar las palabras que son, en los momentos que son; lo que impide hacer mella en las relaciones interpersonales. Sabemos que una determinada expresión en un instante crítico, es como una chispa en un pajar. Pero hay algo importante. La prudencia no sólo consiste en abstenerse de actuar; también es saber proceder cuando el bien así lo requiere. Por eso es equivocado calificar esta virtud de debilidad, cobardía e hipocresía.

La prudencia se relaciona con otras virtudes: tolerancia, discreción, sensatez, cautela, sabiduría, madurez, discernimiento, mesura, compostura, templanza, tacto, precaución, equilibrio, ecuanimidad, entereza, serenidad. Todas ellas facilitan el desarrollo personal y la interacción social.

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