¿Qué significa tener buen carácter?: 3) Aprender a ser feliz

Es cuestión de una educación inteligente

Los hombres no nacemos felices o infelices, sino que aprendemos a ser lo uno o lo otro. Con la felicidad nadie se topa a la vuelta de una esquina. No es como la lotería, que llega un día de repente. No hay felicidad a bajo precio. Es algo que tiene que forjar cada uno, aprendiendo a ser feliz.


-—Pero mucha gente piensa que es la sociedad quien te hace feliz o infeliz.
Indudablemente nuestro entorno influye en nuestra felicidad, pero la felicidad no puede considerarse como algo externo al hombre, que a uno le toca o no le toca en la lotería de la vida. Verlo así sería disponerse para caer en un conformismo victimista o en una frivolidad irresponsable.
Esos planteamientos cerrados son, además de un error antropológico, la mejor forma de perder la esperanza en la lucha diaria por mejorarnos y mejorar el mundo que nos rodea. Podemos hacer mucho por tomar las riendas de nuestra vida y ser felices.


¿Pero se puede ser totalmente feliz?
Total y absolutamente feliz, no. Siempre hay cosas que nos llevan a sentirnos infelices, y a veces son difíciles de explicar. Toda vida humana tiene momentos de dolor, y lo habitual es que sean frecuentes y que llenen la vida de cicatrices que van curtiendo a la persona. Cualquier biografía —apunta Enrique Rojas— está surcada por cordilleras de obstáculos y frustraciones. Asomarse a la vida ajena es descubrir sus desgarros, las señales de la lucha con uno mismo y con su entorno, pero también la grandeza del esfuerzo por salir adelante, por eso que se llama vivir. La vida es un forcejeo permanente con la adversidad.


-—Pero si la vida es tan dolorosa y difícil, ¿cómo se puede ser feliz?
No debe confundirse la felicidad con algo tan utópico como querer pasar toda la vida en un estado de euforia permanente, o de continuos sentimientos agradables. Eso sería una ingenuidad. Quien pensara así, estaría casi siempre triste, se sentiría desgraciado, y su familia probablemente también.
Digo que su familia también, porque los demás notan todo eso perfectamente. Muchos padres, por ejemplo, viven con la idea romántica de que los chicos no se enteran de nada de lo que pasa en la casa, que son felices y se pasan el día riendo y jugando, disfrutando con sus cosas y ajenos a la tristeza o la alegría de la familia.
Sin embargo, detrás quizá del candor de su sonrisa, o de esa mirada preocupada, lo ven todo. Y reflexionan. Y muchos sienten una terrible soledad. Y a lo mejor no tienen con quien hablar con confianza, a quien contarle que sufren viendo el ambiente triste de sus padres y de toda su casa.


-—Pero la tristeza o la alegría es algo que depende mucho de la disposición hacia ella con que haya nacido cada uno…
Cada uno nace con una cierta disposición a la alegría, con distinto humor. De acuerdo. Pero, junto a ello, para llegar a la alegría es preciso luchar por alcanzarla e incorporarla a nuestro carácter.


-—Es fácil cuando uno no tiene preocupaciones…
Pero es necesario hacerlo para alejarlas. Y tendrás que superar esos bajones en el estado de ánimo, y quizá dejar alguna cosa que no es tan importante y sacar tiempo para sentarte un rato con el resto de la familia y charlar, aunque a lo mejor no te apetezca mucho. Y será el momento de hablar sobre esos detalles que tanto pueden mejorar el ambiente de la casa, esas gratificaciones mutuas que llenan de alegría el hogar.
Reflexiona sobre el talante con que afrontas las cosas negativas, y así, al conocer lo que te hace sentirte desgraciado, o lo que hace sentirse desgraciados a los demás, podréis combatirlo mejor.
Si te paras a pensar, a lo mejor caes en la cuenta de que estás esperando a circunstancias que probablemente nunca van a llegar. Piensas que serás feliz cuando no tengas esas preocupaciones, o cuando te vuelva la salud perdida, o cuando finalice aquella ocupación absorbente, o cuando sea, pero siempre queda como algo lejano. Y sabes bien que cuando pasen esas circunstancias llegarán otras, y corres el peligro de consumir tu vida esperando esa utopía.
Tienes que aprender
a encontrar la felicidad
en la brega normal de cada día.

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