San Pío X: Renovarlo todo en Cristo

de Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo Auxiliar de Puebla y Secretario General de la CEM.

Hoy celebramos a san Pío X, José Sarto, nacido en Italia en 1835. Fue el segundo de 10 hermanos. Al morir su padre, que era cartero, pensó dejar la escuela para trabajar a fin de ayudar con los gastos del hogar a su mamá, que era costurera. Pero ella lo convenció de seguir sus estudios en el seminario, con la beca que había obtenido.

Ordenado sacerdote en 1857, fue párroco, canónigo, rector y director espiritual del seminario y canciller de la curia. En 1884, León XIII lo nombró obispo de Mantua. En 1893 fue creado Cardenal y designado Patriarca de Venecia. En 1903 fue elegido Sumo Pontífice.

Ante una época plagada de confusiones y actitudes contrarias a la fe, Pío X se propuso “renovarlo todo en Cristo”. Para ello, impulsó la lectura diaria de la Biblia y el estudio del catecismo. Promovió una mayor participación de los fieles en la Misa, la recepción frecuente de la Eucaristía,el acceso de los niños a la comunión y que ésta se facilitara a los enfermos. Fundó el Instituto Bíblico para el estudio de las Escrituras.

Denunció los malos tratos a que eran sometidos los indígenas en las plantaciones de caucho del Perú. Ordenó la elaboración del Código de Derecho Canónico para reunir y unificar la legislación eclesiástica. Puso fin a cualquier supuesto derecho del poder civil para interferir en una elección papal. Con su encíclica “Pascendi dominici gregis” disipó las ideologías erróneas.

Creó y organizó la ayuda para los damnificados del terremoto de Messina y atendió a numerosos refugiados en el hospicio de Santa Marta. Siempre estaba dispuesto a ayudar a los pobres. Cada domingo acudía a alguna de las plazuelas del Vaticano para explicar el Evangelio. A un escritor, que había publicado contra él un libro calumniador, le envió una ayuda económica cuando se hallaba en bancarrota, diciendo: “este hombre necesita oraciones más que castigos”.

San Pío X, sencillo, amable y bondadoso, de quien la gente que lo trataba salía convencida de haberse encontrado frente a un santo, fue llamado a la vida eterna el 21 de agosto de 1914, a los pocos días de haber estallado la Primera Guerra Mundial. Fue beatificado en 1951 y canonizado en 1954. Sus restos, incorruptos, están expuestos a la veneración de los fieles en la Basílica de san Pedro.

En uno de sus escritos, invitándonos a orar con la Palabra de Dios, san Pío X afirma: “Los salmos tienen, además, una eficacia especial para suscitar en las almas el deseo de todas las virtudes” (Constitución apostólica Divino Afflatu (AAS 3 [1911], 633-635).

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