Explicación del Padre nuestro, parte por parte

Padre nuestro que estás en el cielo (v.9)

Dios nos creo a su imagen y semejanza. El es nuestro Padre y nos ama, y nosotros tenemos el privilegio de llamarle padre o papá. Con esto en mente agradecemos a Dios por ser quien es, por estar a nuestro lado y permitirnos llevar una relación con él. Por escucharnos y siempre cuidar nuestro camino. Por ser el padre, nuestro padre.

Santificado sea tu nombre (v.9)
¿Cuantas veces hemos escuchado que se utiliza el nombre de Dios en vano?. Debemos pedir porque se santifique su nombre, que sea respetado y adorado en nuestras vidas, en nuestras familias y trabajo. Queremos agradarle en todo, hacer en nuestra vida lo que el dicta y vivir en su nombre.

Venga a nosotros tu reino (v.10)

El reino de Dios es su dominio y su Gobierno. Cuando oramos «venga tu reino» estamos orando para que el reinado de Dios venga en el presente. Con esta oración pedimos también que se convierta la gente. Que en las familias reine la paz, el amor, la ayuda, la amistad. Debemos pedir que el corazón de nuestras familias y nuestra comunidad se convierta a Dios y viva de acuerdo a él.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo (v. 10)

Esto no implica resignarse, sino liberarse de las cargas que tan a menudo llevamos a nuestras espaldas.

Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará (Salmos 37,5)

Frente a cualquier situación debemos encomendarnos a Dios y permitir que guíe nuestras vidas. Frente a cualquier suceso debemos entregar nuestra plena confianza en sus manos para que el actúe como nuestro Padre.

Danos hoy nuestro pan de cada día (v.11)

¿Que es el pan de cada día? Para muchos Jesus se refiere al pan espiritual de la Santa Comunión. Siempre debemos orar para poder estar en gracia con el y buscar la comunión eucarística y espiritual.

También pedimos por todo lo necesario para la preservación de esta vida a lado de Dios, como comida, vestido, salud, hogar, paz, buen gobierno y guía.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden (v.12)

Cada que comentemos un acto impuro ofendemos a Dios. Debemos pedir con la mano en el corazón el perdón de Dios por nuestras faltas y cada que podamos acercarnos a la confesión. Dios nos perdona pero nuestra naturaleza humana hace que, con el camino de la vida, nuestra relación con él se vea empañe por nuestros actos y faltas. La confesión es un gran regalo que Dios instituyo en el que purificamos nuestro corazón y así poder santificar nuestra relación con él.

Si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, Dios, su Padre que está en el cielo, los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco su Padre los perdonará a ustedes. (Mateo 6:14-15)

Jesús nos dice que Dios no perdona si no perdonamos, pero no porque Dios mida su perdón en base a nuestro comportamiento. Jesús murió por nosotros para librarnos del pecado. Nosotros no nos permitimos recibir el perdón al mantener nuestro corazón impuro por el rencor, orgullo y otros sentimientos. Si no estamos dispuestos a perdonar es porque no hemos conocido el perdón.

No nos dejes caer en la tentación y libramos del mal (v. 13)

Dios no nos tienta pero si tiene el control sobre la medida en la que estamos expuestos al mal. Conforme vamos visitando la confesión nos podemos dar cuenta que todos tenemos un punto débil – el miedo, ambición, avaricia, orgullo, lujuria, chismorreo, etc-. Si somos conscientes de esta debilidad debemos pedir a Dios que nos proteja de ella y de todo los males que tientan nuestra vida.

Pro último, Jesús nos enseño el padre nuestro en plural no en singular. El quiere que aunque cuando nuestra oración sea personal, nosotros estemos pensando en nuestro prójimo. Que pensemos en nuestra familia, nuestra comunidad, y en los más desafortunados. El quiere que en nuestra oración eliminemos todo nuestro egoísmo y nos entreguemos completamente a él.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas. A ellos les encanta que la gente los vea orar. Por eso oran de pie en las sinagogas y en los lugares por donde pasa mucha gente. Pueden estar seguros de que no tendrán otra recompensa.

Cuando alguno de ustedes ore, hágalo a solas. Vaya a su cuarto, cierre la puerta y hable allí en secreto con Dios, su Padre, pues él da lo que se le pide en secreto.

Cuando ustedes oren, no usen muchas palabras, como hacen los que no conocen verdaderamente a Dios. Ellos creen que, porque hablan mucho, Dios les va a hacer más caso. No los imiten, porque Dios, nuestro Padre, sabe lo que ustedes necesitan, aun antes de que se lo pidan.
(Mateo 6, 5:8)

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