La otra mujer – Mariano Osorio [Letra] [MP3]

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Después de varios años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.

Tú sabes que la amas. Me dijo un día, tomándome por sorpresa. La vida es muy corta, dedícale tiempo.

—¡Pero yo te amo a ti! Protesté.

—Lo sé. Pero también la amas a ella.

La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, viuda desde hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis 3 hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente. Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.

—¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? Me preguntó.

Mi madre es el tipo de mujer que una llamada tarde por la noche, o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.

—Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo. Le respondí. Los dos solitos. ¿Qué opinas? Reflexionó sobre ello un momento.

—Me agradaría muchísimo-. Dijo.

Ese viernes mientras conducía para recogerla después del trabajo, me encontraba algo nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita… Y, ¡Por Dios!, cuando llegué a su casa, advertí que ella también estaba muy emocionada.

Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.

—Le dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy impresionadas. Me comentó mientras subía a mi auto. No pueden esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada.

Fuimos a un restaurante no muy elegante, sí muy acogedor, mi madre se aferró a mi brazo como si fuera “La primera dama de la nación”.

Cuando nos sentamos, tuve que leerle el menú. Sus ojos solo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista: Mamá estaba sentada al otro lado de la mesa, y me miraba. Una sonrisa nostálgica se delineaba en los labios.

Era yo quien leía el menú cuando eras pequeño, ¿Recuerdas?.

—Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolverte el favor. Le respondí.

Durante la cena tuvimos una agradable conversación; nada extraordinario, sólo ponernos al día con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.

—Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar. Dijo mi madre cuando la llevé a casa. Asentí, la besé, la abrazé…

¿Cómo estuvo tu cita?  Quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.

—Muy agradable… ¡Gracias! Mucho más de lo que imaginé… Le contesté.

Días más tarde mi madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.

Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía:

«La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura de que no podría estar allí, pero igual pagué para 2, para ti y para tu esposa; jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí. ¡Te amo!

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