Santiago Apóstol, testigo de Cristo

de Eugenio Andrés Lira Rugarcía
Obispo Auxiliar de Puebla y Secretario General de la CEM

Hoy celebramos la Fiesta del Apóstol Santiago, “hijo de Zebedeo” (cfr. Mc 3, 17-18; Mt 10, 2-3). Se le conoce con el apelativo de el Mayor, para distinguirlo del otro Apóstol llamado también Santiago, por la importancia que recibe en los escritos del Nuevo Testamento (cfr. Lc 6, 14).

Santiago Apóstol, testigo de Cristo de Eugenio Andrés Lira Rugarcía Obispo Auxiliar de Puebla y Secretario General de la CEM

Santiago Apóstol, testigo de Cristo de Eugenio Andrés Lira Rugarcía Obispo Auxiliar de Puebla y Secretario General de la CEM

Juntamente con Pedro y Juan, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús a los momentos más importantes de su vida: la Transfiguración y su oración en el huerto de Getsemaní. En la Transfiguración, Santiago, con los otros dos Apóstoles, experimenta la gloria del Señor; en Getsemaní ve cómo el Hijo de Dios se humilla por amor haciéndose obediente hasta la muerte.

“Ciertamente –como señala Benedicto XVI-, la segunda experiencia constituyó para él una ocasión de maduración en la fe: tuvo que vislumbrar que la gloria de Cristo se realiza precisamente en la cruz, participando en nuestros sufrimientos” Audiencia 21 junio 2006).

Esta maduración de la fe fue llevada a plenitud por el Espíritu Santo en Pentecostés. Con la ayuda de esta fuerza, Santiago no se echó para atrás cuando llegó el momento del testimonio supremo: al inicio de los años 40 del siglo I, el rey Herodes Agripa, como informa san Lucas, “hizo morir por la espada a Santiago” (Hch 12, 1-2).

Una tradición posterior, que se remonta al menos a san Isidoro de Sevilla, habla de una estancia suya en España para evangelizar esa región del imperio romano. Otra tradición afirma que su cuerpo habría sido trasladado a España, a la ciudad de Santiago de Compostela, lugar que se convirtió en objeto de peregrinación desde distintas partes del mundo.

De Santiago podemos aprender muchas cosas: la prontitud para responder generosamente a la llamada del Señor y seguirlo con fidelidad, incluso cuando nos pide que dejemos la “barca” de nuestras seguridades humanas; la disponibilidad para dar testimonio de Él con valentía. Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por buen camino.

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