"Comparte el amor que Él te ha dado" 1 Juan 4, 11

“Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.”

El Señor nos recuerda que de la forma en que él nos ha amado así mismo debemos amar a los demás. Luego, su palabra continua diciendo que nadie le ha visto jamás pero una forma de verle y permitir que otros le vean y conozcan es compartiendo del amor que él nos ha dado.

Ya sé que parece fácil, se lee fácil pero realmente no lo es. Amamos con facilidad a nuestros padres y familiares, a nuestros amigos y parejas. Pero el Señor nos dijo que no tenía ningún mérito amar a los que nos aman, nos pidió antes amar a los que nos aborrecen, a los que nos han hecho daño y a los que nos han juzgado, señalado, acusado y criticado.

Mientras leemos podemos recordar que Jesús nos amó, a ti y a mí, desde el principio sin que le conociéramos. Jesús amó a los que le injuriaron y mientras le señalaban y acusaban él moría por ellos. No hay otra forma más grande de demostrar el amor por alguien, el dar la vida por los demás.

Jesús nos muestra claramente el amor del Padre en la cruz. Así nos ama Dios, de forma pura, sana, sin reproches ni prejuicios. Dios nos ama de forma inagotable e inalterable. Su amor es eterno y no cambia. Nosotros en cambio amamos conforme al comportamiento de los demás, si es mi amigo, si es amable, si me ayuda, si comparte conmigo, si me habla, si me invita, si me da, entonces mi amor es reciproco pero si no, ¡ay!

Precisamente de esto nos habla el Señor el día de hoy. Nosotros debemos mostrar a los demás como es su amor con nuestra forma de amar; compartiendo el amor con que él nos ha amado, con los que nos aman y también con los que no. Debemos amar por decisión y obediencia, no esperando a sentir un amor genuino porque quizás nunca aparezca.

Existen muchas formas de amar a quienes no nos aman, saludando, despidiéndonos, estrechando una mano, sonriendo, hablando o simplemente con una mirada. Siempre hay un primer paso para demostrar amabilidad y cariño.

Piensa un momento en las personas que amas. Ahora medita y piensa en las que te es difícil amar y porque. Ora y pide a Dios que te permita amar a los demás de la misma forma en la que él te ama, de forma inalterable y sincera. Yo también lo haré, porque aunque me esfuerzo cada día en amar a los demás, también debo empezar a amar a algunas personas que me es difícil amar. Doy un paso de obediencia y me niego a ser antipática y necia, quiero compartir el amor de Dios para que él sea visible y muchos le conozcan.

Si tú y yo nos comprometemos a amar esta semana a quienes nos ha sido difícil amar, serán muchos los que empiecen a ver y reconocer a Dios. ¿Empezamos? Pero no permitas que el ejercicio se quede en esta semana, practícalo diariamente y comparte un poco del amor de Dios con los demás.

¡Bendiciones!

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