¿Cuál es el modo correcto de Comulgar?

Para orientar y alimentar correctamente la piedad hacia el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, debe considerarse el misterio eucarístico en toda su plenitud…

Este tema, aparentemente simple, fue objeto de grandes controversias a lo largo de la historia de la Iglesia, y sufrió diversas alteraciones en su transcurso. Él engloba los siguientes aspectos: 1. La comunión en la mano o la boca; 2. La comunión bajo las dos especies; 3. La comunión fuera de la Misa; 4. La frecuencia de la comunión. Trataremos de cada uno de ellos.

Nuestro Señor Jesucristo instituyó el sacrificio sacramental de su Cuerpo y su Sangre en la forma y bajo las señales de comida y bebida, cuando pronunció las palabras «tomad y comed» y «tomad y bebed». Inclusive el mandato a los apóstoles «haced esto en memoria Mía» no se refería apenas a que ellos reactualizasen el sacrificio, sino también que participasen del mismo.

De hecho, la Iglesia siempre entendió que la comunión era parte integrante del Sacrificio, según podemos comprobar con testimonios muy antiguos, tal como la primera carta de San Pablo a los Corintios, y gran parte de la Tradición Apostólica, además de la práctica multisecular, nunca interrumpida, de exigir la comunión, al menos del ministro, en la celebración de la Misa.
Entretanto, surgieron diversas dificultades, como arriba mencionamos, y que la Iglesia tuvo que resolver. Tal vez la más antigua sea la cuestión de la comunión en la boca o en la mano.

Conoscamos los puntos principales acerca de este tema:

  1. ¿Comunión en la mano o la boca?
  2. Comunión bajo las dos especies
  3. Comunión fuera de la Misa
  4. Finalidad de la reserva eucarística (Próximamente)
  5. Relación entre la comunión fuera de la misa y el sacrificio (Próximamente)

Fuente.

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