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Nuestra Señora María Reina

de Enrique Díaz Díaz .
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas .
 CEM.

Ezequiel  37, 1-14: “El Señor infundirá su espíritu a los huesos secos y revivirán”, Salmo 106: “Demos gracias a Dios, porque nos ama”, San Mateo 22, 34-40: “Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo”

Cuando se ha intentado y no se encuentra respuesta, cuando se lucha y se fracasa, empiezan las dudas, el desaliento y por fin, la apatía y el desencanto. Parecería que esto sucede con nuestra sociedad: frente al mal, la violencia y la corrupción, está tomando el camino de una frustrada resignación y aceptación de su impotencia. Le pasa lo mismo que nos narra Ezequiel en la primera lectura cuando el pueblo de Israel exclamaba: “Nuestros huesos están secos; pereció nuestra esperanza y estamos destrozados”. Sin embargo el Señor le hace contemplar al profeta cómo al conjuro de su palabra los huesos se juntan y después reciben el Espíritu que les da nueva vida. Así reconoce el pueblo que Dios es su Señor y que en Él tendrá su fuerza.

Quizás es lo que nos hace falta hoy en nuestra lucha contra el mal: obrar conforme a los mandamientos y deseos del Señor, sentir su presencia en medio de nosotros, sabernos pequeños y débiles para ponernos en su mano y confiar en el Espíritu que obra en medio de nosotros. Este es un día para despertar la esperanza basados en las mismas palabras del Señor y en el ejemplo que nos ha dado cuando actúa a favor de su pueblo. Claro que debemos cumplir sus mandamientos como nos lo recuerda el pasaje de San Mateo y buscar lo más importante y medular que es el amor a Dios y el amor al prójimo. Quizás nuestros fracasos se basan en esta falta de amor en todas las esferas de nuestra sociedad, en sus estructuras, en la educación, en la familia.

Se pretende construir una sociedad más en las leyes que en el amor y nos olvidamos de lo fundamental. Cuando olvidamos a Dios, cuando dejamos a un lado al prójimo, no podemos alcanzar el éxito en la construcción de una nueva sociedad ni de una nueva familia. Miremos hoy cómo estamos haciendo nuestra lucha, si ponemos a Dios en el centro y el amor al prójimo como su fundamento. Así podremos despertar nuevamente la esperanza basados en la palabra y la fuerza del Señor.

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