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"Vengan a mí y aprendan de mí"

            El Señor nos invita a Ir a Él para encontrar alivio y paz. Nos dice también que aprecia más la sabiduría de los sencillos que la de aquellos que se juzgan a sí mismos sabios. Y San Pablo nos exhorta en la segunda lectura a vivir según el espíritu y no según la carne.

«Vengan a mí y aprendan de mí» de Fabio Martínez Castilla


            Jesús exulta de alegría dando gracias a su Padre por revelar su misterio de amor a la gente sencilla y porque se le esconde a los sabios y entendidos. De aquí la gran necesidad que tenemos de vencer nuestra dureza de corazón y el dejar de ser complicados en nuestra manera de querer comprender las cosas de Dios.¿No será que no entendemos y no gozamos la paz y el amor de Dios porque somos, muchas veces, tercos, caprichosos y todo lo queremos ver y hacer a nuestra manera?

            Por esto, Jesús nos ofrece hoy el secreto para construir cada día una vida feliz:

1).- Ser sencillo. Los humildes y sencillos son más disponibles a Dios. Los que se creen sabios o mejor dicho poderosos, ponen por su arrogancia más resistencia al actuar de Dios en sus vidas y tienen la tentación de manipular el Evangelio a sus intereses. La abundancia de buenos conocimientos no es mala, al contrario nos ayuda a profundizar en el conocimiento de nuestra fe; sin embargo, son insuficientes si no hay una actitud de apertura y disponibilidad para aceptar las exigencias del seguimiento al Señor

2).- Ir a Él: “Vengan a Mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio”. Podemos preguntarnos ¿Cuándo estoy cansado agobiado, preocupado, confundido, tentado y angustiado; a dónde o a quién voy? Jesús se nos presenta y se nos ofrece como la fuente del descanso y de la paz. Alguien decía:“Todos los hombres quieren la paz, pero no la buscan donde ella está”. Y vamos a beber en los charcos en vez de ir a la fuente.

3).- Tomar su yugo. El yugo de Jesús es hacer siempre la voluntad del Padre que nos dejo expresada con toda claridad y firmeza en el mandamiento del amor: Ámense como yo los he amado. Por esto: Vivir en el amor es llevar una vida en el espíritu, y ser esclavo del pecado es vivir en la carne

4).- Aprender de Él: “Y aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón”. Ser manso es dejarse conducir por el Espíritu Santo en la búsqueda de lo que Dios quiere de nosotros; ser humilde de corazón es situarse ante Dios con corazón de hijo y situarse ante los hombres con corazón de hermano.

            El camino para el descanso, la paz, la fraternidad y la felicidad verdadera está muy claro; de nosotros depende el seguir este camino de Ir a Jesús y de Aprender de Él. ¿A quién vamos y de quién estamos aprendiendo?

            No olvidemos que el secreto de una vida cristiana que crece en la experiencia de Dios y en el amor al hermano está en el ejercicio de este doble movimiento del corazón:

a).- Un siempre ir a Jesús. Este ir a Jesús nos mete en el camino de fortalecer nuestra familiaridad con la Palabra de Dios, avivar nuestra vida Eucarística y nuestra oración ante Jesús presente en los Sagrarios para aprender estando a los pies de Jesús dialogando con Él.

b).- Un siempre estar aprendiendo de Él a ser manso y humilde de corazón. Es decir un permanente aprender a amar a su manera y no a la nuestra. Preguntémonos: ¿Soy manso y humilde en mi relación con las otras personas, en qué actitudes lo manifiesto o por el contrario soy desesperado, agresivo y soberbio?

El Ir a Jesús y el Aprender de Él nos hace cantar con el salmista: “Acuérdate, Señor de tu Misericordia”.

¿Qué esperamos, encontremos alivio, libertad de corazón y vivamos en paz?:

            Vayamos a Jesús, aprendamos de Él y seamos sencillos, mansos y humildes de corazón.

Fuente.

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