El resto cayó en tierra buena y dio grano – XV Domingo Ordinario Ciclo A

Primera lectura: (Isaías 55,10-11)

Primera lectura: (Isaías 55,10-11)

San Pablo nos habla de que a pesar de todos los sufrimientos que hay en la vida presente por el hecho de ser hijo de Dios nos espera la gloria, nos llama a la esperanza en este momento, por un lado aparecen palabras como frustración, sufrimiento y esclavitud en la vida terrenal y por otro se nos invita a un futuro de libertad.

Sentirnos lejos de Dios o negarnos a El, no nos libra del sufrimiento, pero sin embargo los que sí creemos nos hace conocer, al menos, la esperanza de la Salvación, sólo los que queremos creer podemos tener la esperanza de esa salvación y una redención futura.

La lectura de Mateo nos habla como Jesús se sirve de las parábolas para explicar su mensaje, a las personas que aun teniendo la verdad cerca, no son capaces de entenderla y necesitan de las parábolas para poder ver a Dios a pesar de tener a Jesús en carne y hueso para hablar de Dios. En aquel tiempo mucha gente era la que tenía curiosidad por escuchar lo que Jesús les decía. Esta palabra nos habla de algo tan humano como la capacidad de entender de cada uno, el mensaje, la semilla, es la misma para cada uno de nosotros, pero estamos con disposición y cualidades diferentes, incluso con los oídos cerrados unos y otros abiertos, de nada sirve hablar más alto, si el que escucha no está dispuesto a oír. A todos nos han enseñado que la comunicación es algo tan sencillo como emisor, receptor y mensaje, pero también sabemos que muchas veces la comunicación o transmisión del mensaje no se produce en la vida corriente, mucho más difícil será el proclamar el Reino de Dios a todos nosotros.

En aquel tiempo, el hijo de Dios se hizo carne para transmitirnos el mensaje de su Padre.

Jesús era capaz de concentrar multitudes, era alguien que traía un mensaje curioso, atractivo y sobre todo novedoso, eso nos sigue sonando ahora que estamos en la época de las nuevas tecnologías y los mensajes viajan a gran velocidad y muchas personas, pero cuantas de esas personas creían en las palabras de Dios, por qué acudir a las parábolas en lugar de hablar de un mensaje claro y directo.

Tradicionalmente pensamos que utilizó esta forma de transmisión por la falta de conocimientos o formación de la personas que le escuchaban, nada tiene que ver con eso y puede ser que sea una forma de simplificarlo, cuando lo que se explica es claro y sencillo no hace falta más vuelta, sin embardo el problema tanto hoy como entonces, no estaba en la falta de cultura de los que escuchaban sino más bien a sus y nuestros oídos duros.

Segunda lectura: (Romanos 8,18-23)

Segunda lectura: (Romanos 8,18-23)

Hoy también tenemos los oídos duros, talvez ahora tengamos más estudios, pero lo que está claro es que la semilla sigue cayendo en barbecho y tierra estéril, nuestros oídos están más pendientes de otros mensajes, quizás de resultados y promesas más inmediatas ya que no es propio de la naturaleza humana, tener paciencia y esperar, ya que al fin y al cabo el mensaje de Dios habla de la Salvación en la otra vida!!!!!

Otro tema interesante es saber si cada uno de nosotros nos sentimos de esos privilegiados a los que se nos ha concedido conocer los secretos del Reino como los discípulos y por tanto no es necesario que nos hablen a parábolas o si por el contrario somos de los que nuestro corazón está embotado y no dispuesto a oír la Palabra de Dios.

Si aceptamos la Palabra con alegría perseverancia y la ponemos en práctica como testigos de esa buena nueva conseguiremos ser luz para los demás. La buena nueva no es sólo para nosotros sólo se hace fértil cuando nosotros somos testigos y mensajeros de la esperanza.

Evangelio: (Mateo 13, 1-23)

Evangelio: (Mateo 13, 1-23)

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